Friday, November 16, 2007

Diversos caminos literarios

Aun quedan reminiscencias del pasado y tradiciones que tienen peso en la expresión literaria. Muchas escritoras se sienten cómodas relatando en primera persona o asumiendo situaciones de su vida como materia prima.

Por
Emilia Pereyra / El Caribe

Desde su trabajo literario, hoy la mujer se atreve, con elegancia y osadía, a abordar tópicos tan complejos como los relacionados con la historia, el orden o el desorden político y social.

Naturalmente, aun quedan reminiscencias del pasado y tradiciones que tienen peso en la expresión literaria. Muchas escritoras se sienten cómodas relatando en primera persona (la más íntima de las voces) o asumiendo situaciones de su vida como materia prima.

Recordábamos en una conferencia reciente a Margarite Yourcenar, reconocida narradora francesa, quien escribió “Memorias de Adriano”, una de sus novelas más reconocidas, en un subgénero de la literatura histórica que se denomina falsas memorias.

La autora eligió fundamentalmente la primera persona del singular, como voz narradora y se la atribuye al propio Adriano.

En la obra se reconstruyen la vida y los avatares del emperador romano del siglo II, en un tono completamente viril. En el texto confluyen tres voces, la de Adriano, la voz de la historia y el decir enmascarado de la propia creadora, que durante muchos años batalló con este personaje señalado por su firme vocación literaria.

Respecto a la reconocida novela de Yourcenar, el crítico Jesús Pardo ha escrito: “Es un libro insólito por su refinamiento y hondura, ambientación y lo que podríamos llamar pasiva actividad: tensión dramática conseguida con matices e ideas, no con movimiento".

Ahora también recordamos la vasta producción de otra escritora, a la que, si bien ha sido y es la matrona del misterio y del género policial, no se le tiene como un ejemplo de perfección en materia de estilismo literario, aunque sí como una maestra en la urdimbre de las tramas.

No obstante, a la inglesa Agatha Christie la evocamos por su inagotable imaginación, su incesante torrente de palabras y el singular camino escogido.

La llamada “Reina del Crimen” escribió más de 80 novelas y obras de teatro, entre ellas “La ratonera”, “Asesinato en el expreso de Oriente” y “Muerte en el Nilo”.

Si bien la autora, fenecida en 1976, incursionó en la novela romántica, bajo el seudónimo de Mary Westmacott, se apartó temprano de la tradición femenina que recorría esos derroteros, demostrando que el mundo de la creación literaria tiene diversos caminos que perfectamente podemos elegir las mujeres.

Emilia Pereyra es periodista y escritora
empereyra22@yahoo.es

Wednesday, November 14, 2007

Cabrera Infante y el Boom de la literatura hispanoamericana

Lugar: Cristóbal Gabarrón - Casa Pintada

Población: Mula

Ella canta boleros, obra del escritor Guillermo Cabrera INfante

La Fundación Casa Pintada y la Universidad de Murcia convocan el curso "Cabrera Infante y el Boom de la literatura hispanoamericana". El seminario abordará la vida y la obra del gran autor cubano, así como el llamado boom literario de los años sesenta, que encumbró a autores como García Márquez o Vargas Llosa.

El curso, dirigido por Ángel Sánchez Harguindey, director adjunto del diario El País, cuenta entre los ponentes con personalidades tan destacadas como Vicente Molina Foix, Rosa Pereda, Juan Cruz, David Trueba, Manuel Rodríguez Rivero, José Andrés Rojo, Miriam Cabrera Infante (viuda del escritor y guionista cubano), Soren Peñalver, Vicente Cervera o José María Pozuelo Yvancos.

El programa previsto es el siguiente:

Lunes 12

12h. Presentación del Curso.
17:00h. José María Pozuelo Yvancos, catedrático de Teoría de la Literatura de la UMU.
19:00h. Rosa Pereda,escritora y periodista.

Martes 13

Por la mañana. Actividades complementarias.
17:00h. Vicente Molina Foix, escritor.
19:00h. Manolo Rodríguez Rivero, crítico literario del Diario ABC.

Miércoles 14

Juan Cruz, periodista y escritor.
18:30h. Ángel Sánchez Harguindey, adjunto a la Dirección del Diario El País.
20:00h. Mesa Redonda, con la participación de Ángel Sánchez Harguindey, Antonio Parra, director Fundación Casa Pintada, escritor y periodista y el poeta Soren Peñalver.

Jueves 15

Por la mañana. Actividades complementarias.17:00h. David Trueba, realizador y novelista.
19:00h. José Andrés Rojo, periodista y escritor.

Viernes 16

Por la mañana. Actividades complementarias.17:00h. Vicente Cervera Salinas, catedrático de Literatura Hispanomericana de la UMU.
20:00h. Miriam Gómez.
21:15h. Clausura del Curso y entrega de Certificados de Asistencia.

Saturday, November 10, 2007

El Poder de la Confianza

Servicios Google

El pollo estaba exquisito, cenamos en silencio, ambos dejando que el paladar canalizara nuestro placer.

Iktami Devaux (Para Kaos en la Red)

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Había logrado a los 40 años aquello que siempre había detestado y rechazado: una vida cómoda, confortable y muy burguesa; al margen del pelo largo, barba, posturas militantes, discursos de izquierda, etc. etc. ...

Debo admitir, por mucho que me duela, que más allá de todos los planteos filosóficos y teológicos no sólo era un burgués sino que siempre lo sería.

El hecho de que participara en protestas, cortes de ruta, y, de vez en cuando redactara una nota agresiva y tajante en el periódico de moda en el ambiente zurdo, despotricando contra el gobierno de tal manera que en otras épocas hubiera puesto mi vida en peligro, no quitaba verdad a esta realidad. Contemplarlo era ya todo un logro.

Mi solvencia económica se debe a las importantes ventas de mis libros. Escribí durante muchos años sin poder progresar más allá de un estilo pomposo, pseudo-intelectual saturado en la arrogancia de aquellos deslumbrados por la falsa ilusión de tenerla tan clara y que miran con desdén a la mayoría de los que lo rodean.

No obstante estos inconvenientes llegué a lograr algunas publicaciones de mínima importancia. Lo suficiente como para hacer la ronda de cafés exhibiendo con mucho orgullo el rótulo de escritor mientras me moría de hambre.

Pero al cumplir los 37 pasó algo insólito. Después de años de experimentar con lo esotérico y sobrenatural logré tomar contacto con el alma (por llamarla de alguna manera) de Macedonio Fernández. Todo lo que tengo que hacer es tomar 27 palabras al azar de una de sus obras, escribirlas sobre una página en blanco y después de concentrarme varios segundos y eliminar toda imagen superflua de mi mente empezar a escribir. Inmediatamente se me une el espíritu de Macedonio y empieza el proceso creativo.

Lo más difícil fue dar con el número correcto de palabras. En algún lugar tengo guardado un manuscrito de más de 300 páginas en el cual Macedonio explica el poder incalculable del número 27. Él insiste en que lo publique para que el resto del mundo se pueda enterar pero algo me dice que no lo haga.

El estilo resultante de lo que escribo no es para nada como el de Macedonio en vida. Es accesible hasta para el más inculto y lo más lindo de todo: muy comercial.

El primer libro de cuentos estuvo entre los más vendidos y la primera novela ganó varios premios, fue traducida a 17 idiomas, y hasta el día de hoy lleva vendida más de tres millones de ejemplares. En estos momentos estoy intercambiando e-mails con Woody Allen, quien está muy interesado en llevarla a la pantalla.

Después de la solvencia económica y la fama vino la culpabilidad. Pero esto no fue lo suficientemente fuerte como para que renunciara a mi sociedad literaria con Macedonio. Debo aclarar que de él sólo recibo bosquejos y diagramas de cuentos y novelas. Yo me encargo de rellenarlos y extenderlos sobre el número de páginas adecuadas según las tendencias editoriales del momento. Después de todo, algo de talento tengo, y como consecuencia un poco que ver con la fama y venta de estos libros. Eso sí, no tuve la desfachatez de usar mi propio nombre. A partir de mi sociedad con Macedonio empecé a usar un seudónimo. A pesar de mi fama, he logrado la anonimidad siguiendo el ejemplo de Carlos Castaneda. Nunca dejo que me saquen fotos, de hecho mi cara jamás apareció en ninguno de mis libros y tampoco ha salido en ningún periódico o revista, y ni hablar de la televisión.

Gracias a mi amigo Pedro que trabaja en una de las editoriales más importantes de España, sigo manteniendo mi identidad en secreto. Esto me da cierta libertad. Hasta me puedo dar el lujo de conducir talleres literarios. Esto lo hago respaldado en la pequeña fama lograda con los libros editados bajo mi propio nombre, escritos sin la ayuda de Macedonio.

Los talleres son concurridos casi exclusivamente, lamento decirles, por una combinación bastante pareja de frustradas amas de casa que no tienen otra cosa que hacer que soñar con el éxito literario y poetas afeminados que piensan que sus fantasías eróticas dan fe de que son la última encarnación de Rimbaud. Me traen sus angustias existenciales disfrazadas de exquisiteces literarias y yo hago lo que puedo para ayudarlos un poco sin pisotear sus frágiles egos.

De vez en cuando me llevo una sorpresa y surge alguien con una semejanza a algo que pueda pasar por talento.

En el corriente grupo hay siete personas. Cinco mujeres y dos hombres. Entre ellos se destaca una mujer de unos cincuenta años que es lo más grandioso que he presenciado en todos mis años de talleres literarios. Escribe cuentos que nunca dejan de ser originales, de una prosa liviana y mordaz con tramas que atrapan al lector en la primera oración y no lo sueltan hasta el final que nunca deja de ser contundente, espectacular y sorpresivo.

No obstante siendo lejos la que más talento tiene en el grupo es la que más atención presta a mis críticas y nunca deja de incorporar las pequeñas sugerencias que le hago.

El otro día, después de terminar el taller, Tina, así se llama, se acercó y me preguntó cuánto le cobraría por ayuda personal, que tenía algunas cosas que necesitaba mostrarme que no se atrevía a traer al taller. Le contesté que nunca lo había hecho antes y que no tenía una tarifa pero que estaría encantado de pasar por su casa y ayudarla por unas horas si me invitaba a cenar. Se puso muy contenta y arreglamos para el sábado a las 6.

Llegué a su casa, un pequeño chalet sobriamente amueblado. Al entrar me sorprendió ver que estaba todo alumbrado con velas. Bueno, cuando digo todo exagero ya que sólo la cocina y el living estaban iluminados. Me extrañó descubrir que vivía sola ya que siempre insinuó la presencia de un marido. La otra sorpresa fue verla vestida con minifalda ya que a los talleres siempre venía con vaqueros y ni su cuerpo ni su edad daban para tanto.

Nos sentamos frente al hogar en un sofá de almohadones gordos y blandos. Parecían rellenos con pluma de ganso y cuando uno se sentaba se iba hundiendo lentamente mientras se amoldaban al cuerpo.

Sobre una mesa ratona había una picada generosa con sardinas, morrones y corazones de alcaucil, más allá del típico queso, maní, papas fritas y aceitunas.

Me sirvió un vaso de vino y después de una breve charla sin consecuencia me trajo una carpeta y comencé a leer. Era de una calidad aún superior a lo que traía al taller.

—¿Ha publicado alguna vez?

—Jamás.

—¿Lo ha intentado?

—No.

—¿Por qué? Si puedo ser curioso.

—Porque no era el momento.

Seguí leyendo hasta llegar al fin.

—Mirá, no hay nada en que te pueda ayudar, esto es excelente.

Sin darme cuenta la había empezado a tutear.

—Ya sé. Me contestó con una sonrisa mientras tomaba mi mano. Mi reacción inmediata fue retirar la mía, pero algo me lo impidió. Simplemente me puse tenso.

—Comamos . . . el pollo . . . ya debe estar listo, después te muestro la verdadera razón por la cual te invité.

Sonreí, pensando: sé perfectamente bien para qué me invitaste, pero no estoy para esos juegos.

El pollo estaba exquisito, cenamos en silencio, ambos dejando que el paladar canalizara nuestro placer.

Volví a sentarme frente al hogar. Me trajo una botella de whisky y dos vasos. Mientras yo sorbía y dejaba que el fuego me relajara ella limpió la mesa y después se puso a lavar los platos. Cuando volvió yo ya iba por el tercer whisky, no soy de tomar en exceso pero sentía una fuerte sed alcohólica.

Cuando tomé conciencia del efecto del alcohol estaba mirándola hacía rato y descubrí que detrás de sus arrugas era una mujer bastante bella, que en su juventud habrá sido toda una princesa. Sus ojos eran especialmente llamativos, de un color celeste muy claro que centelleaban constantemente con una energía juvenil y pícara.

Trajo un mazo de cartas y empezó a barajarlas mientras me miraba con una sonrisa que de no ser por mi tendencia a la paranoia hubiera dicho era burlona. Me dio el mazo y me dijo:

—Mezclalas bien, cortá varias veces si querés y después elegí una carta pero no me la muestres.

Hice lo que me pedía y ahora era yo el de la sonrisa burlona. ¿Todo esto para un simple truco de cartas? Tomé una carta, era el 6 de espadas.

—Bueno, ahora quiero que la mires bien y después de fijarla en tu mente quiero que sostengas esa imagen por varios segundos.

Hicimos esto varias veces, ella tratando de adivinar la carta en cada ocasión. Hacia el final acertaba el palo siempre y a veces el número de la carta. La verdad es que quedé bastante impresionado, pero no tanto como ella.

—Yo sabía que existía una afinidad telepática entre nosotros.

En esa ocasión no sucumbí a su juego de seducción. Ignoré su invitación a pasar la noche pero accedí a volver a la noche siguiente para continuar nuestros experimentos.

La segunda noche después de otra espectacular cena nos sentamos frente al hogar sobre dos almohadones con el mazo de cartas. Pero antes de empezar ella se disculpó y dijo que tenía que cambiarse para estar más relajada y lograr mejores resultados.

Volvió en una bata de seda azul con unos símbolos chinos bordados con hilo dorado.

Esta vez los resultados fueron más espectaculares. Acertaba la carta exacta siete de cada diez veces y no me cabía la menor duda que cuando ella fallaba era porque mi imagen mental no era lo suficientemente clara.

Se puso a celebrar haciendo piruetas y vueltas de carnero por todo el cuarto. En una de las vueltas se me hizo obvio que bajo la bata estaba totalmente desnuda. Estaba contenta, yo también, aunque no me explicaba muy bien por qué.

Cuando se cansó de hacer piruetas se sentó sobre mí y me besó.

Si bien lo mío no era resistencia estaba muy lejos de ser entrega.

Sentía una atracción por ella pero era puramente mental y emocional, el contacto físico con ella no me producía ningún placer. A pesar de esto ella consiguió que me excitara lo suficiente como para que hiciéramos el amor.

Fui a su casa todas las noches por un par de semanas. Era siempre igual: cena, una sesión telepática y después hacíamos el amor.

No había casi nada de pasión pero era innegable que nos conectaba algo fuerte.

Actuando sobre un impulso decidí mostrarle algo nuevo que había escrito con Macedonio. Tina se emocionó y no pudo contener unas lágrimas de alegría. Quedó fuertemente impactada.

Una noche, después de haber hecho el amor por más de dos horas durante las cuales recorrimos toda la casa y terminamos en el altillo que hacía de dormitorio, decidí fumar un cigarrillo mientras ella nos preparaba un té. Mi encendedor estaba abajo en el living. Busqué fuego en su mesa de luz, abrí un cajón y me topé con un bloc que tenía palabras sueltas escritas sobre su faz.

No soy el tipo de persona al que le gusta chusmear cosas ajenas y estaba a punto de apartar mis ojos pero quedé helado por lo poco que alcancé a leer. Leí toda la página y sentí un miedo escalofriante: las palabras eran parte de lo que había escrito algunos días antes en uno de los pocos momentos cuando no estaba con Tina. Eran palabras sueltas separadas por puntos suspensivos y a veces no era exactamente lo que yo había escrito. Era como si alguien que fuera miope se hubiera copiado desde otro pupitre. Por ejemplo donde yo decía: “el por qué de la fama es un lío” ella tenía escrito: “ . . . por qué . . . de la . . . familia”.

Era justamente algo que había escrito inspirado por las sesiones de telepatía con Tina. En vez de conectarme con Macedonio decidí escribir desde la conciencia que lograba meditando sobre mis propios pensamientos y llegando a la percepción del testigo interior. Ese que observa todo lo que hacemos y pensamos. Era algo nuevo para mí y estaba muy orgulloso de los primeros resultados. Ya me estaba imaginando una continua fama sin tener que recurrir a Macedonio. Seguí yendo a lo de Tina.

Hubo un par de veces en que no pude hacer el amor con ella, la repetida falta de pasión entre nosotros finalmente se hizo notar. La primera vez se lo tomó con bastante tranquilidad, pero la segunda se puso histérica, me dijo cosas ofensivas y palpé una violencia implícita que se desprendía hacia mí desde sus ojos. Sentí que de haber podido me hubiera pegado.

La última noche que pasé en su casa descubrí con horror que sus escritos ya eran casi totalmente igual a los míos. No había manera de que ella los hubiera visto. Me los estaba robando telepáticamente y según todas las indicaciones lo hacía mientras hacíamos el amor y después cuando me dormía.

En un momento de arrojo le había dado una pila de escritos que había hecho con Macedonio para mi próximo libro. Cuando decidí no verla más temí por la suerte de estos pero decidí que valía la pena perderlos con tal de liberarme de ella.

Habían pasado ya tres semanas desde la última vez que la había visto. Por suerte también había dejado de venir a los talleres.

El día del último taller del ciclo estábamos en plena fiesta de cierre cuando apareció Tina, vestida como una adolescente, su pelo largo atado con colita, minifalda roja, medias negras y botas de cuero blancas.

Se me acerca y me entrega un sobre grande, me da un beso en la mejilla y después de saludar a todos se va.

Al llegar a casa abrí el sobre. Adentro estaban todos mis escritos, los de Macedonio y los que ella había interceptado telepáticamente. Había una pequeña nota escrita a mano que decía: “Ya sé que no me tenés confianza, pero yo sí, y si hay algo en lo que confío ciegamente es la vida. Escribís bien, pero me gustás más cuando hacés el amor.”

Iktami Devaux

Friday, November 09, 2007

Las relaciones iglesia-estado

Servicios Google/Córdoaba, Andalucía, Es.

Aún se percibe no pocas veces, tal vez con una frecuencia mayor de la deseada, alguna de las situaciones vividas en tiempos pasados. De hecho, todos conocemos que las relaciones entre la Iglesia y el Estado orientaron durante centurias nuestra historia. De siempre, la cuestión política tuvo en España un trasfondo de carácter religioso, ya que la religión abarcó sutilmente o no a todas las esferas de nuestra sociedad, hasta el punto de que el Estado, en no pocos momentos de su historia, llegó a depender de cuanto planteara la propia Iglesia católica. Por ello, esa imagen de un país contrapuesto con la modernidad y con muchas dificultades para enfrentarse a los vientos políticos que llegaban de otras tierras no tan lejanas. Sabemos, por tanto, la importancia que tuvo la religión en la configuración y en la Historia de España, constituyendo uno de sus rasgos más notables. Fuimos, sin duda, diferentes a otros países desde la Reforma, ya que pocos pudieron adoptar como empresa la defensa de los valores católicos.

Para hablar de ello, así como de otros aspectos relacionados con el tema de las complicadas relaciones entre la Iglesia y el Estado, la Ilustre Sociedad Andaluza de Estudios Histórico-Jurídicos tiene programadas diferentes actividades durante estos próximos años y, entre ellas, la propia apertura solemne de su curso en el presente, que se celebró ayer en la capilla barroca del instituto Luis de Góngora, donde en sesión pública, tras la lectura de la memoria del curso pasado por parte del secretario de la sociedad, José Lucena Llamas , yo mismo, por encargo de la junta rectora de la institución que preside el doctor Julián Hurtado de Molina , tuve la oportunidad de presentar al ilustre historiador José Manuel Cuenca Toribio , quien de forma magistral nos trazó de forma sintética los entresijos por los que se movieron Las relaciones Iglesia-Estado en la España reciente . Un tema que no deja de tener sus fisuras en la presente situación política en que vivimos, como vemos diariamente por los medios de comunicación social.

El doctor Cuenca Toribio por sus conocimientos acerca del tema, no en vano está considerado como el máximo especialista en la Iglesia española de la época contemporánea, fue el encargado de dictar esta primera lección del curso académico. Este catedrático de Historia Contemporánea Universal y de España de la UCO está considerado como uno de los más prestigiosos historiadores de su generación y, sin duda, el más prolífico de todos ellos, como lo demuestra su extensa obra científica en la que ha abarcado cuestiones de diversa índole de la historia del Viejo Continente, lo que le valió por partida doble la obtención del Premio Nacional de Historia: colectivamente en 1981 y de forma individual en 1982 por su excelente trabajo Andalucía, historia de un pueblo . Ha sido también Premio José María Pemán de Periodismo, de Ensayo y Humanidades Ortega y Gasset, entre otros, y cuenta con una amplia trayectoria como docente e investigador. Valga como botón de muestra afirmar de él que, tras profesar en las universidades de Sevilla, Navarra, Barcelona y Valencia, fue el motor de nuestros congresos de Historia de Andalucía, habiendo sido miembro fundador de un instituto con este mismo nombre en nuestra universidad, colaborador del Patronato Menéndez Pelayo, director de la revista del CSIC Hispania Sacra , miembro de número de las Reales Academias de la Historia, de Ciencias Morales y Políticas, de la sevillana de Buenas Letras y de la de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, entre otras prestigiosas instituciones más españolas o extranjeras a las que pertenece este ilustre cordobés consorte y que con su sola presencia ya las prestigia.

Por ello, para mí, ha sido todo un honor poder presentar anoche a quien fue durante años mi decano, en el vetusto palacio de cardenal Salazar, en una época nada fácil en aquellos años de la Transición política y durante los primeros y mediados ochenta. No siempre compartí sus decisiones, si bien las respeté por venir de una persona completamente dedicada al centro docente. Le agradeceré de igual modo sus sabios consejos en algunos momentos decisivos de mi trayectoria académica y que participara como miembro destacado del prestigioso tribunal de especialistas que juzgaron mi tesis doctoral en la Universidad de Sevilla. Desde luego que comparto con él mi interés por los estudios sobre la institución romana, que tanto pudo aportar en nuestro país y que, sin embargo, a mi modesto entender hoy en día no acaba de encontrar su sitio en los tiempos que corren.

Sin duda, fue todo un lujo el haber podido contar con la presencia del maestro de historiadores, en tan significado acto académico de ayer, de la Ilustre Sociedad Andaluza de Estudios Histórico-Jurídicos, a cuya junta rectora públicamente felicito desde estas páginas de opinión, por lo acertado del tema y la elección del ponente, quien nos deleitó a los numerosos asistentes al acto público con una lección que, sin duda, habrá de pasar a los anales de esta destacada institución cultural de nuestra tierra.

"Me da rabia la gente que dice que lee libros para dormirse, yo los escribo para que se despierten"

Servicios Google/Noticias de Gipuzkoa

ruth pérez de anucita

Donostia. Cuando las presentaciones, los talleres y los recitales le presten algo de tiempo, Pako Aristi desarrollará un par de ideas para construir una novela y una obra de teatro, un género en el que se estrena. "Hace un par de años escribí mi primera obra para aprender un poco la técnica. Y estoy leyendo piezas de Arthur Miller, Henrik Ibsen, Tennessee Williams, Alfonso Sastre...". Mientras tanto, ayer presentó su primera antología en castellano -ya se habían traducido los cuentos Los informes informales (Hiru, 1996) y la novela Las buenas palabras (Erein, 2004)-, una colección de relatos breves, poemas, reflexiones, crónicas de viajes, ensayos, recuerdos en la que el escritor proporciona "una visión social y también existencial de cuál es mi lugar en el mundo".

No ha querido traducirlos.No quería. Cuando se vive el proceso creativo por dentro, se da una distorsión, porque hay cosas que quieres decir cuando escribes que no consigues plasmar y el lector recoge, quizá, otras cosas. Hay matices que se pierden en el camino. Llega un punto en el que el autor no acaba de conocer del todo sus textos y es preferible que lo haga alguien desde fuera. Tengo una anécdota muy simpática al respecto. Hace años, un primo mío al que no le gusta leer nada tuvo que hacer un trabajo en el instituto sobre una novela mía. Me pidió que le hiciera el trabajo: cinco folios. Era lo típico: argumento de la obra, descripción de los personajes, tema, un comentario de texto... Él estaba muy contento. Creía que iba a sacar un sobresaliente, pero le pusieron un aprobado raspado, un 5,5. Le dije que yo no había tenido la culpa, que había escrito lo que creía que se cuenta en esa novela, pero llegué a la conclusión de que el profesor no veía en esa novela lo que yo creía que había escrito. Una obra se construye entre dos, el autor y el que lo lee, y por eso desconfío de que el autor conozca realmente lo que escribe. A veces es distinta la intención de lo que querías hacer comparada con lo que has plasmado. Y por eso prefería no traducir, y también por cierta comodidad. Cuando acabas un libro, ya estás pensando en el siguiente, planeando, escribiendo retazos... Tienes en la cabeza la siguiente historia, que es lo que te apasiona realmente. A mí no me agrada volver los pasos atrás para traducir un cuento que escribí hace seis años. Yo me muevo por pasiones. Y me apasiona lo siguiente que voy a escribir.

No concibió estas tres 'libretas' como una trilogía pero ahora ha percibido una unidad. ¿Qué hilo les une?

Que prescindo de la ficción, de crear personajes o argumentos para transmitir mi visión del mundo. Soy yo. Soy yo el que pasea por el bosque, el que coge el tren y viaja. Me convertí en un personaje de mí mismo. Aquí preferí mostrar lo que veo y siento, lo que me preocupa. Hay, además, un intento de deshacer barreras de género literario. Hay poesía, pero es una poesía muy narrativa. Hay narrativa, pero es muy poética.

Quizás es por ese "yo" tan presente, pero se muestra muy seguro en sus ideas y argumentos. ¿Es una apariencia literaria o...?

Cuando tenía 38 ó 40 años pensé que ya tenía edad para decir lo que pienso sobre las cosas. También soy periodista y siempre tienes que mantener un recato, disimular un poco tus opiniones, porque pueden gustar o no... Tratas con mucha gente y mantienes una reserva sobre tus propias convicciones. Llegó un momento en el que decidí quitarme el recato, y escribir lo que pienso y lo que siento sobre este país. Hay cosas que no se dicen porque a alguien le pueden doler, y cuando le veas puede haber un momento de tensión y en este mundo cultural, literario, periodístico andamos siempre manteniendo que no haya muchos choques, porque nos vemos continuamente. Pero llegas a una edad en la que ya no tienes que disimular para nada, y dices lo que piensas, lo dices con humor, si puede ser, y si no con respeto, sin faltar a nadie. Ése es el germen de esa seguridad que me atribuyes. Es importante remarcar la edad porque al filo de los 40 sientes que conoces dos mundos, el anterior, el que conociste de niño, en tu juventud y el de ahora, que se está renovando continuamente. Yo conocí un mundo sin ordenadores. Cada invento crea nuevas formas de ver el mundo.

Estudió Periodismo porque quería escribir. ¿Le ha ayudado como entrenamiento?

Desde los diez u once años leía periódicos, recortaba, hacía collages . Tengo un enamoramiento con el periódico como medio de comunicación, que no tengo ni con la televisión ni con la radio. A la hora de escribir, el periodismo te da concreción, el gusto por el detalle, que es muy positivo para la literatura. La literatura es una cosa muy nebulosa, que queda en las nubes y a mí me gusta traer lo que hay en las nubes. Cuando escribo artículos de opinión, muchos lectores me dicen que cojo unas ideas generales, que flotan sobre el ambiente, las bajo y las pongo en un caso, un ambiente concreto. Es una de las ayudas del periodismo. Luego está la ayuda económica. Son dos caminos paralelos: escribir literatura o periodismo. El camino literario no da para mucho; sobrevives con el periodismo. Cuando estoy sobrado de dinero, abandono por rachas, por semanas o meses el periodismo y me centro en escribir mis novelas.

No sé si acepta el calificativo "librepensador". ¿Se identifica? ¿Cree que el carácter vasco favorece el 'librepensamiento'?

Mucha gente escribe panfletos, a favor o en contra del plan Ibarretxe o del tren de alta velocidad. Son artículos de opinión que tienen un fundamento partidista, político. Esos artículos no me interesan. Hablan de lo que ya se sabe. A mí me gusta que me sorprendan con algo distinto, personal, intenso. Creo que cuando se escribe un artículo de opinión, hay que dar algo de sí mismo. No se puede tomar unas ideas de Batasuna, por ejemplo, y meterlas en la bolsa, o utilizar ideas constitucionalistas para justificar que Ibarretxe sea juzgado. Eso me parece pobre. El que escribe tiene que dar algo de sí mismo, y es lo que yo procuro. Ver las cosas a través de tu propia conciencia. No me sirven las pautas de interpretación sociales que tienen los partidos políticos. En el País Vasco funcionamos mucho a través de partidos políticos o grupos sociales que nos unen y nos protegen: aprender euskera en AEK, o la gente del gimnasio... Esos ambientes planean tu vida. A mí me gusta andar a mi aire, y perderme, y si me pierdo, me pierdo yo. Siempre he sido bastante individualista como forma de funcionamiento social y también a la hora de pensar. No sé si en Euskadi hay mucho librepensador pero sí hay muchos tránsfugas ideológicos. Y lo interesante es poder ver la realidad por encima de todas esas barreras.

Una escritora euskaldun comentaba hace poco que antes leer en euskera tenía un significado que iba más allá y que ahora hay una desproporción entre lo que se publica (mucho) y lo que se lee (menos).

Comparto el diagnóstico de que hay una desproporción de cantidad de títulos. Cuando yo publiqué mi primera novela, se hizo una tirada de 4.000 ejemplares. ¡Para un autor desconocido de 20 años! Es una burrada. Ahora se hacen tiradas de 1.000 ó 1.500. Las tiradas han mermado, pero hay más títulos. Se ha dado esa evolución en el mercado, y creo que es una evolución natural de una literatura que viene de una situación concreta, en la que el idioma estuvo prohibido, algo que yo no conocí. Empecé a leer en euskera a los 15 años en el instituto, sin ningún tipo de conciencia de hacerlo por el euskera. Leía porque me gustaban los libros. Si llego a leer tres libros en euskera que no me gustan, igual no habría leído literatura vasca jamás. Lo de ahora son modas. Creo que el libro se ha acabado convirtiéndo en una propuesta más de ocio que tal vez está hipervalorada. Tengo la impresión de que antes era más un bien cultural, que la gente leía para aprender cosas, para formarse. Ahora tal vez se lee más para pasar el tiempo. Por eso hay gente que dice: ¡Qué libro más bueno! No pude parar hasta acabarlo y lo acabé en un día. A mí eso me parece mal. Yo quiero que la gente esté con mi libro tres meses. Está escrito para que dure tres meses, o seis. Y me da rabia la gente que dice que lee libros para dormirse por la noche. Yo no quiero que la gente se duerma con mis libros, quiero que se despierte, en una faceta u otra, que tenga un destello que le haga cuestionarse.

El populismo: una creación latinoamericana

El ensayista Nicolás Casullo dice que los partidos y la representación política se encuentran en crisis y también en proceso de metamorfosis, a tal punto que para muchos jóvenes el peronismo "es Menem". Sostiene que la modernidad llegó a su fin cuando caducó la idea de revolución. Y que aún debe continuar el debate sobre los 70.

Héctor Pavón.

Las cuestiones (FCE) es el título de un libro "abarcador", en el buen sentido, de las problemáticas locales y globales que afectan, condicionan y que también dinamizan la Argentina. Es el título del reciente libro del ensayista e investigador en ciencias sociales Nicolás Casullo. En una serie de ensayos combina la teoría cultural, la política y la filosofía para hablar de "cuestiones" como el peronismo, el papel del intelectual, el populismo, la revolución, los 70, las derechas y también las religiones. Casullo es un actor con un papel protagónico en la escena del debate intelectual que no oculta su simpatía por el kirchnerismo y que desde hace tiempo participa de la producción de ideas en nuestro país. Este libro, probablemente genere coincidencias en el hilo argumentativo presentado, pero también provocará desacuerdos que alimentarán el fuego de la polémica. Sereno, Casullo expone aquí su visión.

¿Qué papel jugaron los partidos políticos en este último proceso electoral? Parecían superados por los candidatos...

Yo no creo que los partidos políticos hayan desaparecido y que la gente esté en una especie de inercia o hastío. Creo que los partidos políticos jugaron más o menos un papel como el habitual pero en un grado de desagregación y de disgregación que obliga al votante a forzamientos ideológicos muy fuertes. Hace quince o veinte años había una suerte de identidad más pura. Uno votaba radicales o justicialistas. Hoy es mucho más complicado y muchos se preguntan: "¿Pero cómo, no se tenían que ir todos y están otra vez de vuelta?". Ahora bien, la crisis de los partidos existe, la crisis de la política existe, y podríamos decir que los dos grandes partidos están en un proceso que uno puede pensar que en los próximos cinco, ocho años, van a mutar en otra cosa. También creo que hay como una especie de gran canasta de símbolos, que pasan de un lado para el otro. ¿Qué piensa el viejo elector radical de tener que votar a Lavagna? Estamos en un tránsito, en una mutación, pero no plantearía que esto es una suerte de momento negativo.

Pero si pensamos en el concepto de representación política, ahí sí hay una crisis clara...

Ahí está todo en crisis y en metamorfosis. Antes del 2001, aparecía esta suerte de mundos simbólicos partidarios absolutamente en estado de ocaso de los grandes partidos, de los movimientos nacionales. Creo que estas desagregaciones, mutaciones, crisis de representación llevan sus décadas, diría yo, para realmente poder parir una cosa que deje atrás eso que fue el siglo XX, en donde la sociedad se acomodó o se sintió tan bien representada por el radicalismo y por el peronismo. Donde es muy clara la crisis de representaciones es en las nuevas generaciones. Tengo alumnos muy jóvenes y veo que es muy difícil regresarlos a qué es radicalismo y qué es peronismo. Por ejemplo, para ellos, el peronismo es Menem.

No se escuchó la palabra revolución de parte de ningún candidato. ¿Se cuidaron de enunciarla? ¿Hoy es una mala palabra?

Es una palabra que está atravesando un período largo cultural, ideológico, de desuso. Quiero decir que la palabra revolución está en parte desacreditada, se fue perdiendo. La revolución era la idea que uno tenía de que el mundo andaba mal pero la historia caminaba hacia un espacio, que iba a ser la resolución de lo humano, el fin de la explotación, una comunidad que se iba a reencontrar en su humanidad plena. En ese sentido, pienso que no se ha analizado mucho el fin de la revolución. ¿Cómo se vive en una cultura así donde la revolución quedó atrás?

Y qué significa el fin de la revolución...

Desde esa perspectiva, estamos pasando una época muy interesante, porque yo diría que el fin de la revolución es el fin real de la modernidad y de pasaje a la posmodernidad. Hoy no está a la orden de nadie la idea de la transformación de la historia, sino una mayor sensibilidad humana para sortear momentos capitalistas muy miserables. Eso podríamos decir que es el punto máximo al que puede arribar el socialismo español, el propio Chávez o alguna política desarrollista popular y nacional en la Argentina.

Alain Rouquié decía que el populismo no es una categoría política y que nadie dice de sí mismo "yo soy populista"«p, sino que es una calificación desde afuera siempre peyorativa.

El populismo es una categoría latinoamericana, es muy difícil interpretarla desde simples categorías europeas o desde simples categorías socialdemócratas o desde categorías que no reconocen la índole latinoamericana de qué significa la constitución de lo popular, la figura del caudillo, la problemática del imperialismo, de la constitución postergada de la Nación. Es decir, es la problemática de replantear una nueva narración sobre lo que es la historia patria, frente a narraciones que se impusieron sesgadamente; la disputa entre mitos, de lo que sería el liberalismo fundador de gran parte de la América latina política y mitos populares; la problemática de ingreso de sectores sociales que no están contemplados en una institucionalidad cerrada, liberal, republicana, y cómo se procesa. Contradictoria, balbuceante, que terminó mal, que traicionó sus variables, todo lo que quieras, pero es la historia que se dio. Hasta el propio movimiento castrista 26 de Julio es una problemática totalmente populista; ese Fidel Castro es absolutamente: pueblo, antiimperialismo, nación, constitución de una patria postergada. El populismo es una genuina creación de lo latinoamericano. La crítica al populismo siempre vino de la izquierda pero hoy viene de la derecha. Dicen que es demasiado confrontador, revoltoso, que se parece mucho al comunismo o que es mussoliniano. Estamos en una época donde podríamos decir: Bolivia, Ecuador, Venezuela viven un proceso populista. Lo que importa son los contenidos sobre los modos.

¿El kirchnerismo inauguró un proceso de desperonización?

Creo que Kirchner intenta por un lado, una desperonización, pero por el otro, peroniza brutalmente la escena. El peronismo se hace mucho más insoportable cuando es de centroizquierda que cuando es de centroderecha. Cuando es de centroderecha, la sociedad, que es básicamente conservadora, tiende a correrse hacia la derecha, el ejemplo máximo lo puede haber representado Menem. Cuando el peronismo se corre hacia la centroizquierda, ahí es cuando empieza a alterar la escena como con aquel peronismo del 73. Y Kirchner tiene, en ese sentido, algo de esas variables de centroizquierda. En ese sentido, lo anticipó. Y al mismo tiempo, él tiene que dar cuenta de una crisis muy profunda en el peronismo. Y como respuesta en estos últimos tiempos he visto la reaparición del "gorila" como no lo había visto durante la época de Menem.

Esta reaparición de los "gorilas", ¿es una respuesta al discurso setentista de Kirchner?

Sí porque Kirchner sorprende a todos, es como una marca que la sociedad no tenía previsto, que desde la Casa Rosada apareciese un tipo diciendo "Yo soy de esa generación". Y creo que eso tiene un procesamiento muy traumático como todo lo que sea de los 70. Donde uno no sabe hasta qué punto la sociedad no se siente culposa de haber sido videlista y que la reaparición de los 70, le reconstituye una escena ingrata donde además, previamente a eso, uno podría decir, de manera grosera que en el 73 la sociedad fue pro liberación. La sociedad está viviendo cómo resituarse frente a estos dos grandes acontecimientos: haber aplaudido las largas columnas de JP, a las que le tiraban flores en las calles del centro y después haber dicho "menos mal que vino Videla".

¿Se percibe en el horizonte un cierre, una conclusión del debate de los 70, como otros grandes debates en la historia?

Pienso que de los 70 todavía no se ha dicho lo esencial. Hemos trabajado en figuras, en anécdotas, en acontecimientos pero todavía no hemos llegado al fondo. Tengo una hipótesis, que es la idea de la revolución fracasada. Es una idea que en la Argentina parece casi imposible de plantear por todas las consecuencias que trae una revolución fracasada, en términos de represión. Y que además, esto también incide en ciertas variables de izquierda que no la quieren ver así. No las perciben así porque les interesa más aparecer con la figura de un desaparecido ingenuo, inocente, que fue castigado. Ahí hay una tarea intelectual crítica que el escritor, el novelista, le tienen que hincar el diente. Después de treinta mil muertos, nada es igual. La sociedad devela que tiene una capacidad de homicidio que es insoportable.

Retomando el papel de los intelectuales, ¿cómo evalúa el papel que tuvieron ante una crisis como la de 2001?

Creo que no estuvieron a la altura. No estuvimos a la altura. Tal vez porque provenían de una década en donde los había golpeado mucho el menemismo, donde la Argentina estaba en una especie de reflujo de todo pensamiento propio. Después el intelectual fue mucho más optimista en el sentido de que pensó que ahí se gestaba la posibilidad de una rápida constitución de otra escena política histórica, cuando yo decía que no, porque se venía no de una toma de conciencia seria, sino que se venía de un tiempo menemista, que era un tiempo más bien de desarme político, ideológico, moral. No habíamos ni siquiera salido a la calle una vez para decir "no vendan YPF". Y por otro lado, se hizo evidente que cuando apareció otro actor, que era realmente el actor damnificado profundo, que era el piquetero, todo ese mundo cacerolero dijo: "No, momentito, esto ya es otra historia". El intelectual fue hijo de una época de confusión, donde pensó que venía lo nuevo, que lo viejo quedaba exterminado, que la fraternidad reinaría...

Usted estuvo en el Mayo francés, ¿qué queda hoy de la utopía política?

Esas utopías se cumplieron en el sentido de que la juventud, por ejemplo, hoy es un sujeto visible, aunque tomado por el mercado. Cuando se decía "hacer el amor", como objetivo para romper con toda una hipocresía, y una moral, y una censura burguesa, ese objetivo se logró; hoy la juventud no tiene esa problemática. Las universidades se abrieron a un determinado pensamiento crítico; los cuerpos bibliográficos fueron renovados; el profesor tuvo una relación distinta con el alumno; pienso que hubo una gran fraternidad, se juntaron realmente las conciencias de las luchas africanas, de las luchas de los negros en Estados Unidos; la mujer, desde esas primitivas actitudes feministas, pasó a ser lo que es hoy. Ahora bien, esa cultura de la protesta, de la contestación, del cuestionamiento, también fue asumida por el mercado. No nos dimos cuenta que estábamos representando el último acto de una obra que se terminaba, y no el primer acto de una obra que empezaba. Eso fue el 68.

Wednesday, November 07, 2007

PRESENTA EL LIBRO “LITERATURA Y PERIODISMO EN MÁLAGA”,

Servicios Google/malagaes.com, España

LA FUNDACIÓN UNICAJA PRESENTA EL LIBRO “LITERATURA Y PERIODISMO EN MÁLAGA”, DE FRANCISCO MORALES LOMAS
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La Fundación Unicaja ha presentado en Málaga el libro “Literatura y Periodismo en Málaga”, obra de Francisco Morales Lomas, escritor y profesor de la Universidad de Málaga. El libro intenta acercar al lector la relación entre la literatura y el periodismo malagueño, que actualmente viven un gran momento de interconexión.
El libro “Literatura y Periodismo en Málaga” aborda la prolífica colaboración de escritores en la prensa malagueña como “opinadores” o “columnistas” con una periodicidad semanal o diaria a pesar de que tienen como “oficio primario” su dedicación a la literatura antes que al periodismo. En este sentido, se citan el paradigmático caso, en la historia del periodismo malagueño, de Manuel Alcántara, en el que se da la condición de poeta y periodista. Pero no sólo en el momento actual, sino también en el pasado, se dio esta relación entre escritores y periodismo, como los casos de Arturo Reyes o Díaz de Escovar. Francisco Morales Lomas estudia en este libro el fenómeno de la gran relación que viven en la ciudad malagueña la literatura y el periodismo, no sólo como “milagro sociológico”, sino también como una forma de expresión literaria que llega cada día a los periódicos.

Francisco Morales Lomas nació en Campillo de Arenas (Jaén) en 1960. Cultiva diversos géneros: narrativa, poesía, teatro y crítica literaria. Es Doctor en Filología Hispánica, Licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, profesor de la Universidad de Málaga y Catedrático de Lengua y Literatura Españolas, además de columnista de opinión en diversos medios y crítico literario en varias revistas especializadas. Su tesis doctoral, que obtuvo sobresaliente cum laude por unanimidad, proponía una nueva lectura más profunda de la lírica de Valle-Inclán. Morales Lomas ha sido finalista en 1998, 1999 y 2002 del Premio Nacional de la Crítica y del Premio Andalucía de la Crítica en 1998. Ha sido Premio Joaquín Guichot de la Consejería de Educación y Ciencia y Premio de Periodismo del Ministerio de Economía. Asimismo, ha participado como ponente en congresos de Literatura Española y ha sido incluido en varios estudios de Literatura Contemporánea. Este escritor y profesor de la Universidad de Málaga también pertenece a la Directiva de la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía.

La obra de Francisco Morales Lomas ha sido traducida a varios idiomas. Este escritor y profesor universitario ha publicado más de una veintena de obras de diversos géneros entre las que se pueden citar: Veinte poemas andaluces (Ed. Cla. Bilbao, 1981), Basura del corazón (Ed. Rondas. Barcelona, 1985), Azalea (Canente. Málaga, 1991), Senara (Ed. Antonio Ubago. Granada, 1996), La isla de los feacios (Col. Agua de Mar. Ed. Corona del Sur. Málaga, 2002), y La lírica de Valle-Inclán (Universidad de Málaga, 2005), entre otros. En imprenta tiene en la actualidad los siguientes libros de teatro y narrativa respectivamente: Vaffanculo (Ed. Dauro, Granada) y Ana Recuerda (Alhulia, Granada).

Tuesday, November 06, 2007

Reflexiones en torno a la literatura y la temática gay

Servicios Google/Anodis :: Agencia de Noticias Sobre la Diversidad Sexual

La temática gay en una obra literaria forma parte de una preocupación humana como también lo pueden ser el aborto, la violencia, etc., o incluso, también puede ser un mero pretexto que lleve al poeta a hablar de su visión particular de este mundo.

Shakespeare no nos hará mejores,tampoco nos hará peores, pero puedeque nos enseñe a oírnos cuandohablamos con nosotros mismos

Harold Bloom, El canon occidental

Armando Segura Morales.-

La producción de obras literarias cuya temática se centra, primordialmente, en abordar el quehacer de sujetos con orientación homosexual, se ha incrementado notablemente, sobre todo, en las últimas décadas del siglo XX. El Movimiento de Liberación Homosexual y la consiguiente “salida del clóset” introdujo nuevas variantes en el hacer y decir en las modernas sociedades occidentales. Por ejemplo, la acepción: cultura gay y sus variantes, literatura gay, danza gay, escultura gay, teatro gay, etcétera, son categorías cotidianas que ya forman parte de nuestro acervo léxico y cultural.

Sin embargo, habría que tomar la anterior aseveración con sus debidas reservas. Partiendo de la premisa, en donde se concibe a la dimensión cultural1 como el “cúmulo de estructuras y manifestaciones de índole social, religiosa, literaria, artística, intelectual, etcétera, de una sociedad específica”; valdría la pena cuestionarse si la producción de cualquier obra artística —elaborada por un individuo cuya orientación sexual sea diferente a la heterosexual, o en su defecto, pensemos en la creación de cualquier obra que aborde la temática homosexual, escrita o no por un gay—, fue pensada, por su creador, para ser apreciada y consumida, única y exclusivamente, por el grupo humano que aparece involucrado en la temática (mujeres, judíos, homosexuales, clérigos, niños, presos políticos, etcétera). Razonar así limita la posibilidad y riqueza que trae consigo la obra artística. En este sentido, la propuesta de una obra de arte (producción, recepción y crítica), es una idea que abarca y se dirige a “lo humano”, a “lo universal”, por lo tanto su valor, su clasificación, su lenguaje, debe ser juzgado, primordialmente, en función de su valor estético.

La temática gay en una obra literaria —o cualquier otra temática— forma parte de una preocupación humana (como también lo pueden ser el aborto, la violencia, la ignominia, la injusticia, etc.), o incluso, también puede ser un mero pretexto que lleve al poeta a hablarnos de su visión particular de ese mundo. De cualquier forma, la temática (el decir) forma parte de la obra literaria (si así se quiere ver), sin embargo, ello no es un elemento determinante que permita otorgar per se una categoría estética (el escribir) a la misma obra. Para que esto ocurra es necesario que se conjugue una serie de elementos que nos permitan situar “el escribir” y “el decir” en una novelística específica.2

Al respecto, Mario Vargas Llosa (“La vida intensa y suntuosa de lo banal”, prólogo a La señora Dalloway, de Virginia Wolf), advierte que: “A veces, en las obras maestras que inauguran una nueva época en la manera de narrar, la forma descuella de tal modo sobre los personajes y la anécdota que la vida parece congelarse, evaporarse de la novela, y desaparecer devorada por la técnica, es decir, por las palabras y el orden y desorden de la narración”.

Los razonamientos del autor de “La fiesta del Chivo” giran en torno al proceso de estetizar la realidad a través de la ficción, es decir, se trata de “emanciparse de la realidad real, imponerse al lector como una realidad distinta, dotada de unas leyes, de un tiempo, de unos mitos u otras características propias e infalibles” (idem). De esta manera, los criterios estéticos son la guía que marcará una nueva forma de contar historias —sin importar la temática que se aborde—, de lo contrario, si tratamos de etiquetar, por encima de los indicadores estéticos, a la literatura, imponiendo ideologías, preferencias sexuales, cuestiones de género, partidismos políticos, tendencias psicológicas, con el propósito de mostrar fehacientemente la defensa de la ideología o el devenir del grupo en cuestión, seguramente no habremos contribuido al enriquecimiento del quehacer literario; por el contrario, habremos acudido a una suerte de “ficción fracasada que pretende reproducir lo real”. La literatura es otra cosa, logra aniquilar lo real, transfigurarlo, en suma, la literatura únicamente entiende el lenguaje de lo literario.2

Líneas arriba expresé la necesidad de utilizar a lo estético, como criterio e indicador único, a fin de determinar la valía de una obra artística; independientemente de la temática que trate.

En este sentido, la propuesta de agrupar obras artísticas bajo los criterios de lo canónico nos permitirá poner por encima de cualquier temática, orientación sexual, intenciones políticas, etc., su valía estético-artística.

A partir de este momento, únicamente me referiré al problema de la literatura con temática homosexual, siempre inmersa dentro de la idea de lo canónico, y a su vez, trataré de evidenciar algunas categorías estéticas que permiten dar continuidad artística y a su vez enriquecer el discurso homosexual.

Pero, ¿qué es un canon literario? ¿Qué elementos lo conforman? ¿Quién o quiénes deciden la canonización de una obra literaria? Finalmente, ¿podemos hablar de un canon literario dentro de la narrativa con temática homosexual?

Harold Bloom3 insiste en defender la idea de lo canónico, entendiéndose ésta como sinonímica de “autoridades en nuestra cultura occidental”, muy por encima de las diversas propuestas teórico-ideológicas literarias contemporáneas existentes —las cuales Bloom identifica como “las seis ramas de la Escuela del Resentimiento”: feministas, marxistas, lacanianos, neohistoricistas, deconstruccionistas y semióticos.

En ese sentido, es conveniente detenernos a observar cuidadosamente las reflexiones que Bloom hace de la conformación y socialización del canon occidental. Él mismo se pregunta: ¿qué hace canónicos a un autor y a su obra? La respuesta, en casi todos los casos, ha sido indudablemente “la extrañeza”, sin embargo, al utilizar dicho término, Bloom lo entiende como “una forma de originalidad que o bien no puede ser asimilada o bien nos asimila, de tal modo que dejamos de verla como extraña”.4 El ejemplo exacto para evidenciar la paradoja anterior lo encuentra Bloom en Walter Pater, el cual definió el Romanticismo como “la suma de la extrañeza y la belleza”. El símil de Pater, asegura Bloom, no sólo se extiende a los románticos sino a toda la escritura canónica. En este sentido, al “leer una obra canónica por primera vez se experimenta un extraño y misterioso asombro y casi nunca es lo que esperábamos”.5

Otro rasgo de lo canónico se reconoce en las obras que “tienen la capacidad de hacerte sentir extraño en tu propia casa”. Por ejemplo: El paraíso perdido, Fausto, segunda parte, Hadji Murad, Peer Gynt, Ulises y Canto general, entre otros. Por otra parte, William Shakespeare, dice Bloom, “el más grande escritor que podremos llegar a conocer, a menudo da la impresión contraria: nos lleva a la intemperie, a tierra extraña, al extranjero, y nos hace sentir como en casa. Su poder de asimilación y contaminación es único, y constituye un perpetuo reto a la puesta en escena y la crítica”.6

Para Bloom, “la extrañeza” —que nunca acabamos de asimilar, o que se convierte en algo tan asumido que permanecemos ciegos a sus características—, es un signo imprescindible de originalidad —que no el único— de toda obra que se precia canónica.

Bloom reconoce en el proceso de “influencia literaria” o “la angustia de las influencias”7 un intertexto que determina la tradición poética, a su vez que observa las relaciones psíquicas, históricas y de imágenes que describen la interrelación entre textos. En este sentido, la carga de las influencias determina la originalidad significativa dentro de la tradición literaria occidental. Ésta, a su vez, acude a un proceso dialéctico que supera la idea de un mero “amable proceso de trasmisión”. Por el contrario, se gesta una lucha, entre el genio anterior y el actual aspirante, en la que el premio es la supervivencia literaria y por supuesto la inclusión en el canon.

Harold Bloom analiza cuidadosamente las etapas por las que atraviesa una obra literaria antes de ser considerada canónica. Su punto de partida inicia con la relación individual de un lector y un escritor; dicho proceso —afirma— es válido siempre y cuando el valor estético pueda reconocerse o trasmitirse. Por el contrario, valorar una obra artística olvidando su fuerza estética, o bien, reducirla a una ideología, a una postura sexual, al contraste con la veracidad de hechos históricos, a la apología de una lectura basada en “valores éticos” o con fines didácticos morales, nos llevará, irremediablemente, a un análisis literario reduccionista, parcial, pero sobre todo erróneo. Bloom insiste, “...el yo individual es el único método y el único criterio para percibir el valor estético. Pero ‘el yo individual’, admito muy a mi pesar, se define sólo en contra de la sociedad, y parte de su agón con lo comunitario inevitablemente participa del conflicto entre clases sociales y económicas”.8 Bloom deja clara su postura con respecto a la supremacía de lo estético sobre otros “intertextos existentes” en la obra literaria. Nos dice:

“Leer al servicio de cualquier ideología, a mi juicio, es lo mismo que no leer nada. La recepción de la fuerza estética nos permite aprender a hablar de nosotros mismos y a soportarnos. La verdadera utilidad de Shakespeare o de Cervantes, de Homero o de Dante, de Chaucer o de Rabelais, consiste en contribuir al crecimiento de nuestro yo interior. Leer a fondo el canon no nos hará peores o mejores personas, ciudadanos más útiles o dañinos. El diálogo de la mente consigo misma no es primordialmente una realidad social. Lo único que el canon occidental puede provocar es que utilicemos adecuadamente nuestra soledad, esa soledad que, en su forma última, no es sino la confrontación con nuestra propia mortalidad”.9

Bloom no concibe la cognición literaria sin la memoria cultural, y ésta descansa en el canon. La idea de “la memoria cultural” tiene que ver con el proceso de selección —ya que sería imposible leer todo lo que se produce en una época— y tal como hemos observado, dicha acumulación acude a una serie de requisitos que directamente enriquece, estéticamente e interiormente al autor y por consiguiente al lector. Autoridades en el tema han llamado a este proceso como “lo sublime” cuya pretensión directa es trascender los límites, incluso de la literatura, de lo estético.

Contrario a lo que se piensa, “el canon literario no nos sumerge en la cultura, tampoco nos libera de la ansiedad cultural. Por el contrario, confirma nuestras ansiedades culturales, aunque ayuda a darles forma y coherencia”.10 Lo canónico, como la piedra angular de un edificio, es aquello que no puede moverse sin el riesgo de que la estructura se derrumbe.

La idea de trasmisión del canon, o mejor dicho, la de los responsables de la elección de las obras canónicas, no descansa en la pluma de los críticos, ni en el poder de los políticos o la sabiduría de los académicos, por el contrario, Bloom asegura que “los propios escritores, artistas y compositores determinan los cánones, tendiendo puente entre poderosos precursores y poderosos sucesores”.11 Tomando en cuenta las reglas y procesos anteriores, la idea de canon deja de ser sinónimo de lista de “obras importantes”; por el contrario, su concepción va más allá, radica en indagar en la obra literaria su carácter de producto de evaluaciones sociales, condiciones de legibilidad e ilegibilidad y coyunturas históricas, que a su vez, fijan las reglas y los límites de la obra artística.

Si Harold Bloom enfatiza y polemiza sobre el proceso de “Influencia literaria” o “la angustia de las influencias”, que se observa en toda obra literaria, Edward Said encuentra la finura en la idea bloomiana y la contextualiza en el universo de los grupos marginados.

Said no se limita a estudiar, exclusivamente, los mecanismos de la influencia de Europa y Norteamérica en América Latina y viceversa, como si fuera una relación lineal comunicativa. Observa una rica trasmisión entre los mecanismos de la relación de Occidente extendiéndolos a África u Oriente. Reconoce que dicho proceso es una relación de constelaciones complejas que va más allá de intercambiar “visiones culturales” sobre los distintos mundos. Es decir: “el estudio de la relación entre ‘Occidente’ y sus ‘otros’, culturalmente dominados por aquél, no constituye únicamente una manera de comprender esa relación de desigual entre interlocutores desiguales, sino también un modo de aproximarse a la formación y el significado de las prácticas culturales occidentales en sí mismas”.12

Dentro de las prácticas culturales occidentales a las que Said se refiere, se encuentran los grupos “marginados o de resistencia”. Citaré como ejemplo, el análisis a una de las obras literarias, que a su juicio, denotan “relaciones de poder enmascaradas”, que llevan al personaje a tomar posicionamiento sobre su condición de marginado:

En El inmoralista (1920) de Andrè Gide, se encuentra el rompimiento y a la vez la reflexión, de un hombre que llega a reconciliarse con su latente homosexualidad, permitiéndose que ella lo separe no sólo de su mujer Marceline y de su carrera, sino hasta de sus propios designios. Said apunta: “Michel es un filólogo cuyas investigaciones académicas acerca del bárbaro pasado de Europa le revelan sus propios instintos reprimidos, apetencias y tendencias. Como en Muerte en Venecia de Thomas Mann, el paisaje muestra una localización exótica, justo en los confines de Europa o más allá; en el inmoralista el paisaje fundamental es la Argelia francesa, lugar de desiertos, oasis, languidez y niños y niñas amorales”.13

Los vasos comunicantes de los personajes van más allá de la denuncia de prácticas sexuales “anormales” y la inclusión del poderoso en éstas. Significan el autoconocimiento del individuo y la pertenencia, y lucha posterior, de un sujeto específico en grupos minoritarios marginados: el homosexual. De esta manera, el tránsito del personaje sibarita (Dorian Gray) de Oscar Wilde —cuya homosexualidad es sugerida—, a los terribles personajes de Jean Cocteau o Jean Genet, cuya condición de homosexual es totalmente abierta y laureada, recorren la influencia “de constelaciones” sugerida por Said y definen un mundo marginado que busca acomodo y supervivencia en un Occidente marcado por la moral y la homofobia.

La construcción de un mundo y un lenguaje literario que nos remite cualitativamente a códigos específicos, a un habla específica, a vestimentas específicas, y a prácticas sociales y sexuales, socorridas frecuentemente por el sujeto homosexual; automáticamente nos remite a reconocer a un individuo con esas características. Sin embargo, su inclusión al mundo literario lo despoja de toda “malsana” intención, de formar un ghetto y una cultura paralela, en la que el sujeto se encuentra inserto. Por el contrario, su propuesta literaria, influenciará —si es que existe una propuesta estética valiosa y novedosa—, a la incipiente novelística.

En este sentido, hablamos de un enriquecimiento del fenómeno literario, gracias a la inclusión de nuevos tratamientos de las temáticas, de nuevas formas de narrar, de nuevas formas de ver el mundo, en fin, de nuevas propuestas estéticas; y no a la creación de un apartheid gay, que únicamente se cerrará detrás de la falacias de defender una “cultura de marginados”.

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Notas

La idea de nombrar a toda manifestación social realizada por el hombre como “dimensión cultural”, tiene que ver con lo que plantea Bolívar Echeverría (Definición de la Cultura; UNAM, 2001): “toda reproducción de la sociedad humana presenta una consistencia doble: es un proceso puramente operativo o ‘material’ y es, al mismo tiempo, un proceso semiótico o ‘espiritual’. En ese sentido, la definición de cultura tendrá siempre que concebirse bajo esa díada.
Utilizaré la acepción “novelística” tomando en cuenta las siguientes consideraciones: Alejo Carpentier asegura que: “Puede producirse una gran novela, en una época, en un país. Esto no significa que en esa época, en ese país, exista realmente la novela. Para hablar de la novela es menester que haya una novelística” (A. Carpentier. Tientos y diferencias, Montevideo, Arca, 1967, p. 5). Por su parte, Margo Glantz (Esguince de cintura, México; Conaculta), advierte que la creación de dicha novelística es la gestación de una corriente literaria que se va contagiando de influencias cosmopolitas, a la vez que se inspira en la tradición anterior, aunque pretende ser en el fondo una narrativa de ruptura.

El canon occidental, España, Anagrama, 1995. 585 pp.
Ibíd. p. 13.
Ídem.
Ídem.

Harold Bloom utilizó este término de manera irónica, al definir la postura de la Escuela del Resentimiento frente al proceso de la influencia literaria. Al respecto apunta: “...van incluso más lejos al afirmar que se hallan libres de cualquier angustia provocada por la contaminación: cada uno de ellos es Adán al despertarse. No conciben ningún momento en que no fuera como ahora, autocreados, autoengendrados, su genio es sólo suyo” (Ibíd. p. 17).

Harold Bloom... op. cit. p.33.
Ibíd. p.40.
Ibíd. p. 535.
Ibíd. p. 530.

Edward W. Said. Cultura e imperialismo. España, Anagrama, 1996. pp. 299.
Ibíd. pp. 300.

“El sello de la vida contemporánea es la neurosis”

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El Premio Herralde se falló ayer en España. El ganador fue el argentino Martín Kohar, mientras que el escritor tapatío Antonio Ortuño, con la novela Recursos humanos, que publicará Anagrama en breve, quedó como finalista.

“Sólo los aspirantes a cantantes pop sueñan con el estrellato”, asegura el escritor y periodista tapatío Antonio Ortuño, quien ayer fue designado finalista del Premio Herralde de Novela 2007, uno de los más prestigiosos en lengua española, que en esta ocasión recayó en el escritor argentino Martín Kohar por el libro Ciencias morales. Para Ortuño, jefe de redacción del diario Público MILENIO, Guadalajara, y autor de la novela El buscador de cabezas y el volumen de cuentos El jardín japonés, que el jurado haya decidido reconocer su trabajo, presentado con el título provisional Volveré y conmigo el fuego, será una manera de acceder a más lectores.

Luego de revisar los 201 manuscritos inscritos en el certamen, un jurado integrado por Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde redujo a dos títulos su deliberación final. El ganador fue Ciencias morales y el finalista Volveré y conmigo el fuego, que en próximos días se publicará, en Anagrama, con el título Recursos humanos. “Que un sello con el prestigio de Anagrama te publique ayuda muchísimo a tomarte en serio lo que haces, pero un autor no puede decir que escribe para ganarse un premio”, explica Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976).

“Enfrentado a una vida miserable como empleado de una empresa, Gabriel Lynch decide rebelarse. Sus odios no tendrán otro objetivo que Constantino, su jefe, el perfecto caballerete empresarial que le ganó el puesto y la mujer”. Con esa sinopsis, la editorial Anagrama anuncia Recursos humanos, novela que será presentada en la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ayer, Jorge Herralde, director del sello español y fundador del premio que otorga 18 mil euros, dijo que “la suma de calorías de la literatura del ganador más la del finalista es una de las más altas de nuestra historia”. Y aunque las palabras suenan a grande, Antonio, contrario a los aspirantes a cantantes, no sueña con el estrellato, sino con sus dos pasiones: el periodismo y las letras.

Parece que todo empleado está condenado a odiar a sus patrones. ¿Es Recursos humanos una suerte de reivindicación o ajuste de cuentas desde la literatura?

No directamente. No creo tomar posición por los empleados sobre los empleadores. Si nos reducimos a términos estrictamente morales todos los personajes del libro son despreciables en algún grado. En cierto sentido, el jefe es menos perverso y pérfido que el empleado, que es el narrador principal. Lo que yo busqué en este libro fue construir el discurso del rencor: la autojustificación del odio y la maldad. Mi intención fue hacer una novela moralmente ruda, con un humor muy negro, lindando con el delirio del odio, que a la vez explorara muchos asuntos alrededor de esa relación de dominadores y dominados, no sólo en términos laborales, sino también en términos sentimentales.

Tanto en El buscador de cabezas como en Volveré y conmigo el fuego los protagonistas narran sus historias desde el odio. ¿Cómo asumes, desde la escritura, toda esa ira, a veces contenida, a veces desatada, de tus personajes?

El sello de la vida contemporánea es la neurosis. En algunos casos es una neurosis implosiva, con gente en estado de permanente abatimiento que se siente superada por las circunstancias, y en otros casos es una neurosis explosiva de sujetos que literalmente salen y le hacen el mal al mundo y a sus semejantes. Me interesa explorar ambas posibilidades. Hay diferencias fundamentales entre Álex Faber (protagonista de El buscador de cabezas) y Gabriel Lynch. Faber es un arrepentido, se odia a sí mismo más de lo que odia a nadie. Gabriel Lynch, por su lado, es el símbolo del arribista que hay en cada ser humano: el sujeto al que no le importa a qué tipo de tácticas recurrir para medrar y se siente justificado por su pasado.

Hay en Recursos humanos múltiples referencias bíblicas, desde la “escala de Jacob” que parece dar estructura al libro hasta los nombres angelicales de dos personajes: Gabriel y Miguel. ¿Cómo llevaste eso a un plano oficinesco?

Todo personaje que recurre a este tipo de tácticas requiere una especie de mitología que justifique su proceder. Y la mitología de Gabriel Lynch es el cristianismo, sólo que él la asume un poco a la manera en que los antiguos griegos y romanos asumieron su propia mitología. La mayoría de la gente podrá reconocer con relativa facilidad las citas bíblicas que, de manera muy irónica, utiliza. Es una suerte de clima estético que se busca a través de estas referencias. Lo que hace Gabriel al narrar es justificar su intento de ascender en la oficina. Y la manera en que lo hace es recurrir a símiles bíblicos en los que, intercaladamente, él es un demonio caído de los cielos, un ángel que asciende por la escala o el propio Jacob luchando contra un ángel.

En la novela, Gabriel Lynch dice que no aspira “a un público educado y biempensante”. Como narrador, ¿compartes esa opinión?

No necesariamente. En las condiciones de educación del país, de cualquiera que lea por gusto un libro de ficción se puede decir que la vida lo ha puesto por encima de sus pobres semejantes. En cambio, sí me tiende a molestar la biempensantía, entendida como una suerte de resignación a un consenso en cuanto a las ideas: gente que repite lo que lee. Gente que se conforma con ser de algún modo una continuación de las ideas de otros y que organiza su propio mundo con respecto a jerarquías inmóviles donde hay un bien y un mal claros, pero saben poco o nada de matices. La inteligencia literaria y en la vida real está en la capacidad de ver esos matices. Lo más interesante que te puede pasar como escritor, en cuanto a contacto con el público, es que te lea gente de procedencia muy diversa.

Guadalajara • Mariño González

Saturday, November 03, 2007

'Carta a mi mujer', libro inédito de Umbral

Servicios Google/elmundo.es

'Carta a mi mujer' se centra en las idas y venidas de una relación larga y cómplice. Planeta tiene previsto publicar la obra en el primer trimestre de 2008.
'Prefiero ir a lo esencial y confesarme en lo bueno y en lo malo', decía el escritor.

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EMMA RODRÍGUEZ
MADRID.-
En los últimos meses de su vida, Francisco Umbral había dado el visto bueno a la publicación de 'Carta a mi mujer', un libro escrito a mediados de los años 80 y que, tal vez, por su carácter singular e íntimo o porque otros títulos se le fueron cruzando por el camino, había preferido guardar en los cajones, a la espera del momento propicio para que viese la luz.

Imposible ya que Umbral pueda recorrer las páginas impresas de una entrega que la editorial Planeta tiene previsto publicar en el primer trimestre de 2008 y que, sin duda, supondrá toda una sorpresa para sus seguidores.

"Se trata de una obra lírica, poética, muy diferente en la trayectoria de Umbral", comentaba hace poco a un grupo de amigos María España, la mujer del escritor, quien de momento prefiere mantener el misterio sobre un libro que la tiene a ella como destinataria y gran protagonista.

'Carta a mi mujer' se centra, en efecto, en las idas y venidas de la pareja, sobrevolando una relación larga, marcada por la complicidad, la tolerancia y el dolor por la muerte de su único hijo, cuya pérdida dio lugar a uno de los libros más desgarradores y bellos en la trayectoria de Umbral, 'Mortal y rosa', uno de esos textos en los que el escritor fue capaz de desnudarse emocionalmente y mostrar a los demás todo su desgarro y ternura. Ese perfil que tanto contrasta con su más conocido sarcasmo e ironía.

"Metaforizar el mundo es la manera más luminosa de explicarlo", confiesa Umbral en 'Un ser de lejanías', unas memorias donde traza su autorretrato más íntimo y profundo y cuya publicación en 2001 coincidió con la concesión del Premio Cervantes. Metaforizar su historia con María España, la compañera de toda su vida, fue el ejercicio que seguramente se propuso, afinando sus armas más poderosas, las literarias.

Su presencia en las librerías
Hasta poder disfrutar de 'Carta a mi mujer', Umbral está más presente que nunca en las librerías españolas gracias a la iniciativa de Planeta de redistribuir y reeditar algunas de sus obras más significativas: 'Mortal y rosa', 'Pío XII, la escolta mora y el general sin ojo', 'Un ser de lejanías', 'Días felices en Argüelles', 'Los metales nocturnos' y 'Amado siglo XX', título éste último que se publicó seis meses antes de la muerte del escritor –el pasado mes de agosto– y al que él mismo se refería como su despedida de una centuria que confesaba haber vivido "libremente, alegremente".

Atrapar lo esencial de sí mismo y del tiempo que le tocó vivir es lo que persiguió Umbral en ese repaso a su particular siglo, un reto que ya se había planteado en 'Un ser de lejanías'.

"Atravieso una etapa en la que pienso que mi vida ya la he vivido y que por muchos años que me queden a lo mejor llega un día en que escribiré menos porque no pueda o porque esté cansado, enfermo, o simplemente me muera.

Y por eso lo que me urge es contar las cosas esenciales y fundamentales que quiero decir. Me urge más eso que inventar una historieta de fulanito y fulanita y darle vueltas, o escribir la novela del capitalismo actual, del PSOE o de los banqueros. Ya no me interesa eso. Prefiero ir a lo esencial y confesarme en lo bueno y en lo malo", aseguraba el escritor en una entrevista fechada en 2001.

"Me siento presentísimo. No hay otra salvación. El presente es todo mío y me moriré en presente", escribía en 'Un ser de lejanías'. Y reflexionaba en la entrevista citada sobre ello. "Dejamos escapar la belleza del mundo, la belleza de la vida... En el fondo tengo la impresión de que hay mucha belleza no atendida y yo estoy ahora en la mejor predisposición a fundirme con el mundo, a estar en el mundo sin prisas".

La 'esencialidad' de sus obras
Sus palabras resultan hoy muy esclarecedoras para entender las claves, el recorrido de su trabajo. "Ahora es necesario acabar de una vez con la idea de la superficialidad de Umbral que esgrimen sus enemigos y reivindicar esa profundidad, esa esencialidad que recorre su obra», señala el crítico Miguel García-Posada.

"Umbral nos ha dejado una obra muy coherente, una filosofía profunda del mundo en la que el hombre se muestra absolutamente solo en un universo cruel, un universo profundamente laico y trágico, mucho más de lo que la gente cree", prosigue el especialista en la obra del autor.

En opinión de García-Posada tres títulos son necesarios para recoger la lección de estilo y de vida de Umbral. Tres títulos bastan para deslumbrar a los lectores no iniciados: la elegiaca 'Mortal y rosa', el testamento que supone 'Un ser de lejanías' y la fascinante inmersión en su universo memorial que realiza todo el que se acerque a las páginas de su 'Trilogía de Madrid'.

Ahora que sólo queda el hueco, el vacío, el gran eco de la voz del escritor, "es más necesario que nunca separar su perfil periodístico del creativo", afirma el crítico, quien ofrece algunas claves para futuros estudiosos: sistematizar su obra periodística por ciclos y analizar, libro a libro, la coherencia de la trayectoria, la hilazón que une unos túneles creativos con otros.

¿Más textos inéditos?
Dado el carácter prolífico del escritor, su idea de que el folio nunca debía dejarse en blanco, es posible que 'Carta a mi mujer' no sea su único texto inédito.

Ahora, llegado el momento de revisar sus cajones, es posible que aparezcan otros escritos, algún libro de poemas, alguna iluminación que no llegó a encajar en ninguno de los libros publicados.

"Pero si él no les dio el visto bueno, habrá que tener muchísimo cuidado con lo que se debe o no se debe publicar", se limita a señalar una muy prudente María España.

Literatura para estómagos satisfechos

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Patricia Martínez

«Es un libro con instrucciones de uso, no puede ser leído con hambre». Estas palabras del escritor Fernando Menéndez dejan ver una parte importante del festín de «Pasajero en Asturias. De ilusiones palpables y otros manjares», presentado en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA y publicado por Septem Ediciones.

Su autor, Antonio Valle, recorrió 24 concejos de Asturias con los sentidos a punto para captar todo aquello que, bien por la vista o el oído y, sobre todo, por el gusto, llamara su atención.

Los artículos ahora recopilados se publicaron en el suplemento «La Nueva Quintana» de LA NUEVA ESPAÑA. En palabras de Menéndez, «nos cuenta lo invisible de lo visible», las pequeñas cosas, los detalles que no da la proximidad, sino la capacidad de la mirada.

Otra de las recomendaciones a la hora de leer «Pasajero en Asturias» es la falta de categoría para el libro: es un libro de viajes pero no una guía turística, es un libro de gastronomía pero no ofrece receta alguna, se refleja el temperamento del autor pero no es un diario personal.

Miguel Trevín, presidente de la Asociación de Turismo Rural Oscos-Eo, definió al narrador del libro como alguien que «intenta ser padre, surfero, pirata, volador de cometas o buscador de tesoros, pero, sobre todo, alguien que nos ofrece un conocimiento del medio rural muy difícil de obtener».

Aunque la meta de la narración sea encontrar un sitio donde comer, el cómo y la compañía llevan las más de las veces a condimentar el relato con personajes y lugares hasta conseguir una nueva receta del conocido plato asturiano.

«El lector de este libro se repanchinga en su asiento orgulloso de los territorios que ha conquistado, que ha leído», describió Menéndez. Antonio Valle lo definió como una «invitación a salir y conocer Asturias», y se mostró dispuesto a continuar la saga.

Preguntado por la anécdota que más le marcó del proceso de escritura, el autor describió entre sonrisas «una huella alrededor de la cintura que no puedo quitar».

Con el aire hedonista de quien come, pasea y, sobre todo, escribe por placer, Antonio Valle consigue en su libro una radiografía atípica del pasaje asturiano, una conversación con un viajero para el que los manjares no siempre son para los dioses.

Caníbal de Rotemburgo bloquea un libro por vulnerar sus derechos personales

Servicios Google/ABC.es
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El alemán Armin Meiwes, apodado el "caníbal de Roteburgo" y condenado a cadena perpetua por asesinar y comerse a un hombre al que conoció por internet, ha bloqueado la venta de un libro por que considera vulnera sus derechos como persona.

La Audiencia de Berlín detuvo la comercialización del libro en su versión definitiva, titulado "Interview mit einem Kannibalen" -"Entrevista con un caníbal"-, informa el semanario "Der Spiegel".

Meiwes, quien asesinó, descuartizó y se comió en parte a otro hombre, de común acuerdo con éste para satisfacer las fantasías sexuales de ambos, afirma que algunos de los pasajes del libro no son ciertos.

La editorial Seeliger y su autor, Günter Stampf, han rechazado las acusaciones y afirmado que el libro fue escrito con la aquiescencia de Meiwes, pero hasta que no se aclare el asunto el libro sólo podrá comercializarse censurado.

Meiwes fue condenado en mayo de 2006 a cadena perpetua por haber matado en marzo de 2001 al berlinés Bernd Jürgen Brandes, al que conoció a través Internet.

Según su relato, Brandes, de 43 años, viajó desde Berlín a la pequeña localidad de Roteburgo (oeste alemán) para dejarse matar y ser devorado por el caníbal, quien ya en su casa le cortó el pene y lo pasó por la sartén con intención de comérselo juntos.

El checo Ivan Klíma muestra en 'Amor y basura' a un escritor convertido en barrendero por la censura

Servicios Google/Terra Actualidad - Europa Press

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El checo Ivan Klíma muestra en 'Amor y basura' (Acantilado) a un escritor convertido en barrendero por la censura estatal, hecho que tiene ciertas similitudes con la vida del autor ya que con la dictadura comunista tuvo que trabajar como mensajero, conductor de ambulancias y asistente de tipógrafo.

'Tuve que hacer algunos trabajos por obligación pero esto fue sólo unos cuantos meses, no durante años, gracias a que mis obras se publicaban en el extranjero y recibía dinero', explicó el autor durante una entrevista con Europa Press.

En 'Amor y basura' los personajes intentan evadirse de la realidad y se refugian en la literatura, pero también aparece el amor entre dos personas que se encuentran con un mundo y deben lidiar con la fidelidad y la infidelidad.

'La gente se identifica con los personajes, pero ahora todavía más con las telenovelas, pero si uno se identifica con un personaje banal, tu propia vida es más banal', dijo en referencia a sus personajes que intentan afrontar la vida a través de la literatura.Tanto el nazismo como la Guerra Mundial y el comunismo han inspirada la obra de muchos autores centroeuropeos.

'Un escritor que estudia en la universidad, se casa y luego se vuelve a casar le falta una escala de sentimientos. En cambio la guerra conlleva relaciones que pueden cambiar la vida del escritor si logra sobrevivir', dijo al respecto.En este sentido, Klíma aseguró que 'el punto cumbre' de la literatura americana es después de la guerra con Philip Roth y Norman Mailer.

'Todos estamos felices de que haya paz pero lo que hace es que se apaguen las pasiones, es el el precio que pagamos', apuntó.Asimismo, Klíma aseguró que sus amistades durante la época comunista eran 'más informales y podías confiar con la gente ahora son mucho más formales'.

La literatura de Klíma no ha tenido una gran acogida en España. Una de sus mejores novelas, 'El espíritu de Praga', sólo se había traducido al francés y al inglés, aunque la editorial Acantilado lo publicará próximamente.Sin embargo, Klíma no cree que sea por las diferentes circunstancias, tradiciones y modos de vida.

'Cuando la literatura es buena y describe las relaciones interpersonales puede entenderse en todo el mundo. Los destinos humanos son los mismo y esta es la tarea de la buena literatura'.

Friday, October 26, 2007

“Me he convertido en una militante de la literatura”

Servicios Google/Milenio. Mx.

Entrevista: Cristina Rivera Garza. Escritora
La escritora y columnista de MILENIO aborda el proceso literario que condujo a la publicación de su más reciente novela La muerte me da.
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Hasta ayer a mediodía, nadie le había preguntado a Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964) acerca del multicitado Caníbal de la Guerrero. Con todo y que su nueva novela, La muerte me da, desarrolla en los tonos característicos del género negro indagaciones acerca del hallazgo del cadáver castrado de un hombre joven. “Estoy convencida de que la realidad supera a la ficción –dice la autora de la columna “La mano oblicua”, que se publica en MILENIO–, pero el hecho de que la noticia coincida con la circulación de esta novela me ha puesto en shock”.

“Es un caso para seguirse, como el de otros quienes han estado en la literatura y el asesinato a la vez, y tiene que ver con la fragmentación, un recurso no sólo estilístico y de moda sino más cercano a las maneras de experimentación del ser humano en el mundo contemporáneo”, añade la también autora de Nadie me verá llorar y Lo anterior.

¿Cómo se desdobla la novelista ante sus roles de escritura y promoción de la lectura?

Son cosas distintas. En el camino de la escritura La muerte me da es hasta donde voy, y me he seguido la huella. Está en ella todo lo que sé hacer. Entiendo por otra parte que vivimos en un país donde los índices de lectura son alarmantemente bajos y de ahí la existencia de esfuerzos de todo tipo. Sin embargo, ambas facetas son parte de lo mismo: uno escribe libros para que se lean, y aun cuando las tareas de un promotor cultural no las sepan hacer todos, me he convertido en una militante de la literatura y participado de manera entusiasta en muchos esfuerzos.

Hasta hace un tiempo, escribir y publicar thriller en México no era del todo bien visto. Cierta crítica colocaba lo realizado por debajo de lo literariamente correcto. ¿Lo haces sin rubor alguno?

En este libro hay muchas vueltas de tuerca y subversiones internas; ciertamente se juega mucho con los elementos del thriller, desde el punto de vista de sus personajes y trama, fundamentalmente. Pero también es un libro que por su propia naturaleza, al darse la vuelta y criticarse a sí, tampoco los respeta. Hablamos de un thriller peculiar. Hay un detective y asesinatos que ocurren en el cuerpo masculino como el sitio de la violencia y a través de cortes peculiares y significativos, como es el de la castración. Esto mismo trata de encarnarse en la forma de la novela. De entre las cosas que como autora soy conciente está el tránsito del corte del cuerpo al corte de la escritura, y convertirlo en eje a partir del cual se entretejen las acciones novelísticas. Esta es una preocupación deliberada y conciente. En La muerte me da el fragmento es motivo de curiosidad y exploración, entendido aquél como parte intrínseca de la condición humana en la época contemporánea.

Fragmentación y desdoblamientos, ¿no serían antesala de multiplicidad de personalidades y hasta de esquizofrenia?

Los riesgos son muchos, no sólo ésos. También los de superficialidad y violencia. Todos forman parte de los elementos estratégicos de la novela. Cuando hablamos de fragmentos no lo hacemos de cachitos de novela sino de una manera de posicionarse en el mundo e interactuar que incluye simultaneidades. Todavía no hemos visto bien las consecuencias de la experiencia fragmentaria (no únicamente en el ejercicio estilístico, sino de nuestra vida cotidiana) y la novela es una manera de poner en la escena algunas de ellas.

¿Cómo hace la novelista para estar en una parte del hecho literario sin dejar de estarlo en otra?

¡Hay cinco ventanitas en la pantalla de la computadora...! (Risas). La escritura misma es una forma de no estar. Están además otras tecnologías de afantasmamiento.

Las referencias plásticas y literarias son un referente en tu escritura y en especial en La muerte me da, trampolín de un experimento metaliterario...

Me interesa mucho el mundo de las artes visuales, campo en el cual se están haciendo una serie de reflexiones que llegan después y de manera más lenta a la literatura. Me he vuelto una observadora atenta de ese otro mundo y sus preguntas, sobre todo en términos de representación y de presencia-ausencia. Esa forma de interrogación me inquieta mucho, de ahí la constante relación. Tengo también, a nivel más personal, una especie de admiración puntual por quienes hacen esas cosas. Yo me la paso en una pantalla escribiendo, pero reconozco la existencia de otro mundo, el de las cosas que se tocan y tienen un lugar sólido en la vida cotidiana. Siempre he querido hacer algo al respecto, y pienso que esta novela puede ser una manera de interactuar de manera más cercana con esas disciplinas. Los intersticios y las colindancias que se generan en los distintos géneros y disciplinas es algo que me interesa mucho y a como voy me seguirá interesando.

La muerte me da (Tusquets) se presentará el próximo jueves a las 14:00 horas en la Universidad Iberoamericana; el martes 30 a las 11:30 en el ITESM (Campus Toluca) con los comentarios de Ciro Gómez Leyva; y el miércoles 31 a las 19:00 horas en Casa Refugio Citlaltépetl con la presencia de Ana Clavel, Rogelio Cuéllar y Luis Felipe Fabre.

Rodríguez Soriano gana Premio de Literatura UCE


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SAN PEDRO DE MACORÍS (R. Dominicana).- El Premio Nacional de Literatura UCE recayó este año en el escritor René Rodríguez Soriano por su novela El mal del tiempo que autor describe como "un extraño diario que da cuenta de los duros años setenta en un país dominado por un octogenario déspota ilustrado".

Como el paisaje que describe la novela es “un concierto lleno de contrastes –continúa el autor— donde la música, el sol, el color y cierta magia del Caribe son parte sustancial de historias que, de tan ciertas, nadie puede creer”.

Como jurado del premio participaron Diógenes Céspedes, Premio Nacional de Literatura 2007, Francisco Comarazamy y Rafael García Romero.

La entrega del premio se realizará este viernes 26 en el Auditorio de la Universidad Central del Este, y asistirán el rector José Hazim Frappier y otras altas autoridades de la academia.

René Rodríguez Soriano, ganador del Premio Nacional de Cuento en 1997, ha publicado también Su nombre, Julia, No les guardo rencor, papá, El diablo sabe por diablo, La radio y otros boleros, Queda la música y Sólo de vez en cuando, este último publicado por la editorial Imago-Mundi, de Puerto Rico.

Amos Oz: «El fanatismo es un gen»

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El escritor israelí abre en Oviedo los encuentros de los XXVII Premios Príncipes de Asturias

Oviedo- Amos Oz tiene sólo dos bolígrafos sobre la mesa del estudio. Uno es para escribir las novelas y otro para defender sus ideas y opiniones. El primero pertenece a la órbita cerrada de la literatura y la intimidad; el segundo, a la vida pública: «Uso el azul para mis historias y el rojo para arremeter contra mi Gobierno cuando estoy enfadado y mandarlo al infierno. Es una clara división. Mis libros no son vehículos para transmitir mensajes políticos. Es en mis artículos cuando soy sincero y directo». Las actividades de los XXVII Premios Príncipe de Asturias comenzaron ayer en Oviedo con la rueda de prensa de un novelista comprometido y claro, que no traba la lengua con la mordaza incómoda de los tópicos y de las palabras biensonantes cuando le preguntan por el conflicto que desde hace decenios asola su país: «Es un poco difícil ser profeta en una nación de profetas -bromeó-, pero puedo augurar que en el futuro habrá dos naciones: Israel y Palestina, que vivirán en perfecta paz y convivencia. Existirán dos gobiernos: uno palestino para los palestinos; y otro israelí para los israelíes. Son dos familias y la división del territorio es la única solución posible que existe. No sé en cuánto tiempo ocurrirá. Nunca hay que infravalorar el poder que tienen los fanáticos y los extremistas para interrumpir el camino de la paz. Pero sé muy bien que tanto en Israel como en Palestina existe actualmente gente que está trabajando por alcanzar esta paz».





Amos Oz conversa sobre la realidad sin perder el humor: «Todos los días me levanto a las cinco de la madrugada, una hora que supongo que es incivilizada para muchos españoles. Doy un largo paseo, de una media hora, por el desierto. Este lugar pone las cosas en su sitio. Cuando escucho a un político decir siempre o nunca, sé que las piedras del desierto se ríen de estas palabras». La búsqueda de una solución al conflicto de Oriente Medio le llevó a crear en el año 1978 el movimiento pacifista «Paz ahora», que congregó a oficiales y soldados israelíes. Ahora, junto a David Grossman y Abraham Yehoshua, forma una ternada más reconocida de la literatura israelí comprometida con el fin de la guerra y la obtención de la paz.





Escéptico ante Hamas


«Recomiendo hablar con Hamas para lograr un alto el fuego, pero la paz no va a ser posible con ellos, porque son unos fanáticos que están implicados en la destrucción de Israel. No se puede decir que Israel existe los lunes, los martes y los miércoles y después intentar destruirlo, los jueves, los viernes y los sábados. Soy muy escéptico cuando se habla de alcanzar la paz con Hamas. Es una organización fanática y fundamentalista». En su comparecencia no ahorró críticas a los EE UU y a su manera de intervenir en la zona: «Creo que ha cometido muchos errores en Oriente Medio. Iraq ha sido un error colosal. No existe ninguna manera de difundir la democracia con pistolas. La democracia se nutre de un estado anímico y se apoya en una sociedad civilizada con una clase media muy fuerte». Su título «Contra el fanatismo» se acaba de implantar como lectura obligatoria de estudiantes en Suecia: «El fanatismo es un gen perverso que está en todos los seres humanos», asegura.